28.5.12

Mudanza

Tieregarten se discontinúa.
Después de tanto tiempo, el querido zoológico cesa en su actividad.
Si lo desean, me pueden leer en Léxico Familiar.

Gracias por todos estos años de compañía fiel.

5.5.12

Postal


Hacía mucho que no le escribía, Milena, y hoy mismo sólo le escribo por casualidad. No hay necesidad de que me disculpe por mi silencio, usted sabe cómo odio las cartas. Toda la desdicha de mi vida proviene, si se quiere, de las cartas, o de la posibilidad de escribirlas. Y con esto no me quiero quejar, sino formular una observación instructiva. Muy pocas veces me ha engañado una persona: las cartas siempre me engañan. Y no sólo la de los otros, sino también las mías. En mi caso es una desgracia muy particular de la que prefiero no seguir hablando: pero, al mismo tiempo, es una desdicha general. La facilidad de escribir cartas tiene que haber traído al mundo – considerado desde un punto de vista teórico – una terrible pertubación para las almas. Porque es una relación con fantasmas – y no sólo con el fantasma del destinatario, sino también con el propio – la que se va gestando debajo de la mano que escribe, en esa carta, y más aun en una serie de cartas de las cuales una corrobora a la otra y puede apelar a ella como testigo. ¡A quién se le ocurrió que la gente puede mantener relaciones por correspondencia!
Franz Kafka, Cartas a Milena

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Con el paso de los años y la tecnología, llegamos al punto de encontrar
un sobre en el buzón de casa, tomarlo con mano temblorosa, mirar el remitente con ojos húmedos (¡buscar la estampilla!).
No es que no nos alegre la luz del BB que anuncia un mensaje o el sobrecito cerrado de Hotmail. Toda noticia de esos amigos que están lejos son bien recibidas, pero, en rigor de verdad, si viene asociada al papel es más reconfortante: la carta y su corporeidad, parece que trae algo de la persona querida que vive lejos.
La letra de una persona es como su voz.



8.4.12

La sorpresa de Pascua

Esto:



Resultó ser esto:

Y además, después de la sesión fotográfica, atacó a la Pipi ni bien abrió la puerta. Dice que le saltó encima... No hay testigos directos de tal hecho.



4.4.12

El límite del tiempo (últimas cartas de Cortázar)

A Jean L. Andreu

París, 16 de enero de 1984

Querido Juan:

Sigo enfermo pero pienso que podremos vernos el 28 ó 29 de este mes, si quieres. Llámame al 824-6138. La dirección es 4, rue Martel, Bâtiment C, 4ème droite, (75010 París).

Ojalá podamos vernos un rato. Con un abrazo

Julio

A Felisa Ramos

París, 20 de enero de 1984

Querida Felisa:

Realmente me hiciste llegar las pruebas de Rayuela en muy mal momento. No es culpa tuya, por supuesto, y tampoco mía. Sigo muy enfermo, pasando por laboratorios y hospitales a fin de que encuentren por fin lo que tengo (ahora se supone que es una cuestión histamínica al nivel del estómago, aunque ve tú a saber lo que será eso). La cosa es que llevo más de ocho meses sintiéndome como un perro, víctima de comezones de piel que a veces me llevan a la peor exasperación. En fin, hay nuevas pistas, y espero salir del paso el mes que vienen, pero entre tanto no estoy para tareas sistemáticas ni nada que se le parezca.

Por eso miré las pruebas, y lo que alcancé a descubrir va indicado en las páginas que te devuelvo. En oda la parte final se olvidaron de poner los números de los capítulos. Los he indicado en cada caso.

Desde luego las erratas internas no puedo señalarlas porque eso significaría la lectura sistemática del libro, y te repito que no estoy en condiciones de hacerla. Confiemos en algún ángel alfaguareño que acaso quiera leerse el libro del principio al final…

Esta mañana recibo el texto para las solapas. Cambié una palabra, creo que el resto está bien.

Hasta siempre, Felisa, con todo el afecto de tu maltrecho

Julio Cortázar

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Julio Cortázar muere el 12 de febrero de ese año. Todos sus últimas cartas van aplazando encuentros para dentro de unos días, el mes de marzo o fin de mes. No llegará vivo a esa fecha. Como en esos buenos cuentos, en los que el narrador maneja una información suplementaria que el personaje no tiene, aquí nos encontramos sabiendo cuál va a ser la fecha tope para sus planes en la vida.

Llegó a mi trabajo un paquete con los cinco tomos de cartas de Julio Cortázar que publicó Alfaguara. Está la curiosidad y el escozor por conocer los últimos textos (papeles privados) de quien va a morir. Como si se pudiera suponer una vibración o algo que lo anticipara. Siempre mirando por el ojo de la cerradura, como alguna vez dije al escribir sobre los diarios de Susan Sontag.

Resulta injusto. Es verdadero.

31.3.12

Dobles, binarios, duplicados y etc

Va todo mi mal humor sobre "Ciudad de cristal" de Paul Auster.

Instrucciones de lectura:

a. Si está por leer la novela, siga de largo.
b. Si le ha gustado mucho, tome este comentario como de quien viene.


* El personaje es un hombre que siente que su vida perdió sentido y termina escribiendo novelas policiales con un seudónimo, adoptando luego un nombre falso (que es el del autor de la novela)

*El seudónimo es William Wilson, célebre personaje de Poe, torturado por la aparición de su doble durante su adolescencia y juventud.

*Se menciona una novela: Don Quijote de la Mancha y se plantea el dilema por el que Cervantes pretende disimular su autoría y del manuscrito encontrado. Ni aparece el tema de Avellaneda, pero se esboza la teoría de un Sancho autor y un Sansón Carrasco escribiente.

* Así como aparece cuestionada la autoría del Quijote, en las últimas páginas se nos informa que todo lo leído era transcripción del cuaderno rojo del protagonista y que el cierre lo da un narrador testigo.

Demasiado concepto, todo muy sesudo y analítico (pero no desde la analítica propia de la novela policial, sino desde un conceptismo intelectual duro y parejo). A veces todavía necesito que la literatura me ofrezca historias y no tanto procedimiento.

15.3.12

Comprobaciones zoo-lógicas

Sabía que esas babuchas no eran precisamente un anillo al dedo para mí. Pero fue demasiado comprobarlo con el ofensivo y erizado bufido de mi gata en cuanto me vio aparecer por la galería...

3.3.12

El tópico de la semana

- Voy a poner el lavarropas - me dice

- Ni se te ocurra- le digo
- Lo ponemos en media carga y dejamos que desagote en el balde y...
- Ni se te ocurra- le digo
-Mirá esperamos a que el balde se llene, lo llevás a desagotar y después ponemos el otro...
- No, ni loca. no quiero más problemas con el agua. *

Y así probamos, hasta que nos dimos cuenta de que podríamos empezar a cantar con Teresa Parodi" apuráte José que ya está viniendo la creciente otra vez". Entonces apelamos a una solución razonable: pusimos el lavarropas, sacamos la manguera de desagote, sacamos el contenedor enorme de la comida de la perra, pusimos la manguera dentro del contenedor y dejamos el balde como back up por si sobraba agua.

La única espantada es nuestra gata, que por primera vez en su joven vida vio un lavarropas en acción.

Una solución glamorosa a la medida de las pequeñeces del nuestro cotidiano.



* Problemas con el agua: nuestro estado de cosas desde que nos mudamos y en nuestro nobel hogar hay cantidades exorbitantes del líquido elemento donde no debería haberlas y no sale ni una gota de donde sería muy conveniente que saliera.

23.2.12

... sed lex (renovación y cambio)

- Pero, tirálos. Total, hoy por hoy todo está en Internet.


Se escuchó la sentencia lapidaria para mi colección de catálogos de los últimos 10 años del BAFICI. Mi pregunta, recibió la respuesta de la contundencia. Es verdad, aunque la página sólo presente el catálogo de las ediciones 2008 en adelante. En los últimos años jamás abrí ni siquiera uno y no veo demasiada perspectiva de que vaya a hacerlo en los próximos años (el estante más alto en lo más alto de la nueva biblioteca tampoco es muy accesible).

Los libros o subrogados que no se usan y uno no recuerda muchas veces que tiene son un lastre. Posiblemente los demás, también lo sean.

Uno de los contenedores que el ultra cheto Monsieur Macrí esparció por mi barrio será el feliz poseedor de 6 kg de papel -polvoriento- que habla de cine.

16.2.12

Merienda en Bellos Aires



Lo que logra el calor en Buenos Aires en cierta clase de gente que, sin dudas, es gente con clase...

(Falta un par extra de piernas: el de la fotógrafa, una servidora).

2.2.12

Perder el respeto a ley severa*

Ella usa tacos bajos y alterna sus perfumes. Tan ella en su estilo propio (a pesar del detalle de que compartamos la ropa), tan llena de detalles encantadores. No siempre estamos de acuerdo en todo (de hecho, me regula: cada vez que me brota el instinto asesino, ella me calma). Y me ha dicho: basta, hasta acá, con una seriedad necesaria para contrastar mis recientes desesperaciones.


Ella me cuenta cómo serán los sillones que tendremos en el living cuando seamos viejas y los gatitos que tendremos y las visitas de los nietitos. Ella me cuenta y yo la escucho muda. No porque no tenga qué decirle, sino porque lo que escucho me hace llorar emocionada. ¿Yo, sensiblera? Así parece: es tan hermoso escuchar en sus palabras que el tiempo fue justo con nosotras y que todas nuestras acciones de estos tiempos se van a ver compensadas en ese futuro de pacífica felicidad.

Todo así, como si la vida fuera simple y justa con todos. Y así se me escapan un par de lágrimas. Como la madrugada en que se aprobó la ley, con esa seguridad de que nuestra vida nunca más iba a ser la misma . Llorar sin tristeza, mansamente, con algo que hay que dejar salir porque llena el pecho, aunque sin angustia.

Así la escucho y la quiero en este tiempo.



24.1.12

Potter: vencedor de monstruos interiores

Nunca había leído ninguna de las novelas sobre Harry Potter. Cuando recién comenzaron a traducirlas al castellano, me las ingenié para que no me tocara corregirlas (trabajaba para la editorial en cuestión). Me pareció que era literatura para adolescentes. La falta de tiempo y el trabajar muchas horas con libros, a veces, fundan prejuicios y hacen que se esfumen las ganas de probar otra cosa.


Desde hace unos meses comencé con la lectura por demanda familiar. Mi hijastrita y su mamá me miraban con caras reprobatorias cada vez que yo preguntaba obviedades o intentaba corregir alguno de los latinajos que aparecen como hechizos (Claro, pobre... ella no leyó...)

Así fue que me prohibieron ver las películas y me fueron poniendo sobre la mesa de luz cada una de las novelas. El escepticismo me duró muy pocas páginas. En el primer tomo levanté la ceja a las pocas carillas al leer que un gato desaparecía en Privet Drive. Me quedé esperando que sólo permaneciera la sonrisa para poder gritar el plagio. Pero no sucedió. Siempre es mejor ser culto que no serlo, siempre es mejor haber leído los clásicos que desconocerlos. Y JK, que tiene mucha de esa cultura, tiende al lector adulto (o al niño con formación clásica o que haya visto Troya) todo el laberinto de lecturas preexistentes. Recuerdo ahora estas, pero hay muchísimas:
*Si hay una amistad que va más allá de la muerte es la de Aquiles y Patroclo (o la de James y Sirius)
* Si la Hermione homérica era descripta como la hija ilustre del ilustre Menelao, aquí la Hermione de JK es la niña ilustrada por excelencia y la alumna más destacada (y los nenes se me matan de risa porque para mí ese nombre griego jamás sera la /Jermáioni/ de las películas y me obstino en llamarla /Ermióne/). Si la raciniana era un obstáculo, aquí también se vuelve límite en las travesuras y marcadora de lo que se debe hacer.
*Si hablamos de cualquier perro gigante con tres cabezas que custodia una puerta aquí aparece Fluffy, tataranieto del noble Cerbero virgiliano.
*Con Tiresias como ejemplo, el arte de la adivinación suele compensar la ceguera, Madame Trelawney, ademas de llamarse Sibyll, es miope como un topo.

¿Cuál fue para mí la clave? Harry-niño-huérfano presenta uno de los mayores miedos infantiles: el abandono. Vivimos cada uno de sus logros reeditando nuestros propios terrores de la niñez y lo frecuentamos como adultos comprendiendo que la fortaleza y la nobleza son herramientas invaluables.

La autora presenta el desafío de hacer pensar en el mayor de los terrores y la mejor de las felicidades: tal es el arma para poder vencer a los monstruos que rodean al protagonista y que no son más que los mentados monstruos interiores. Un boggart adopta la forma de lo que más tememos (y si bien no es gratuito afectivamente, no está demás saber con cuál máximo terror enfrentamos la vida): ser conscientes de ese terror permite enfrentarlo y superarlo. Lejos de cualquier manual de auto ayuda, me encontré a mí misma buscando ese momento de extrema felicidad (que JK elige llamar patronus que es el nominativo latino que indica al "protector" y que deriva directamente de la palabra pater, es decir, padre: el gran ausente de estos textos).

Más allá de las interpretaciones psicoanalíticas que me exceden, Harry Potter conmueve porque identifica desde lo más esencial: el miedo y su superación.

El domingo por la tarde fui cuidadosamente chequeada para verificar hasta dónde había leído para luego instalarnos todos en el sofá y comenzar con la maratón de las películas.

18.1.12

Alto, muy alto

¿Viste eso de tocar el cielo con las manos?





¿Viste (volviéndote prosaica en dos minutos) eso de andar apunada hasta la médula cuando pasás los 3000 m sobre el nivel del mar?



(camino a Cachi)

Salta y la literatura gótica

Hundreds Halls es una casa que fue perdiendo su esplendor de otros tiempos y es el escenario del El ocupante. Un poco de Casa Usher otro del conflicto de ideologías del Canterville de Wilde, algo de las Brontë, mucho de la novela gótica y algunos personajes que hacen un homenaje inconfeso a Wilkie Collins (no lleva más que un par de páginas notar la semanjanza entre la Marian de La mujer de blanco y esta Caroline). Es evidente que Sara Waters ha tomado lo mejor de toda la herencia de novela trivial en lengua inglesa y más evidente resulta que ha sabido muy bien qué hacer con ese material, ya que la novela es excelente.

La venía llevando y trayendo conmigo en el último mes, una lectura postergada por algunos meses en los que tuve que dedicarme a leer por trabajo o estudio. Sus 500 y algo de páginas también la volvieron la compañera de ruta en estas vacaciones.

Pero nada de esto era el punto al que yo deseaba llegar y que es por qué me gustó tanto esta novela. La respuesta es simple: su imenso poder de sugestión, personajes perfectamente construidos, una trama consistente y un final del que no voy a hablar, porque me parecería una villanía arruinarles la lectura.

El detalle que mejor demuestra hasta qué punto me llevó de las narices la novela es que durante el par de dias lluviosos que pasamos en la Quebrada de San Lorenzo, preferí no acercarme al libro: el entorno me parecía demasiado semejante a la enorme casona que me describía la novela.

No me fue posible cerrar la puerta del baño sin escuchar el mi hijita no es siempre del todo buena de la señora Ayres...




10.1.12

Viñas y nubes



Cafayate está lleno de colores. Blanco, rojos, azules. Difícil elegir dónde poner primero el ojo.

Anduvimos en bicicleta entre las viñas como una versión feliz y lésbica de la familia Ingalls.

Fuimos auxiliados por una norteamericana luego de haber sido atacados por una abeja.

Hicimos asado pero no probamos el vino.

Nuestra versión sui generis de una estancia perfecta.

9.1.12

Tucumanitos



Llegamos a las 16.40 a San Miguel de Tucumán.

La salida del aeropuerto fue como la entrada a un horno.

40.5 centígrados afuera.

En 140 kilómetros perdimos 20 grados y recobramos las ilusiones.

Verde de toda verdura.

Tafí del Valle.

4.1.12

Semióticamente hablando

Los cambios sociales nos ponen en jaque ante la necesidad de poder decodificar los nuevos signos, aprender a leer nuevos códigos. Los jóvenes son los más permeables al cambio y, por lo tanto, los que primero incorporan las nuevas maneras que rigen nuestra sociedad.


Ayer por la mañana leíamos en la playa. Bikinis decorosas para cuerpitos modelados pero levemente sedentarios. Estábamos boca abajo sobre ese lindo pareo con la bandera del arco iris. Pasa un jovencito que nos pregunta si las señoras queríamos ensalada de frutas. Evidentemente estaba al tanto de la Ley de Matrimonio Igualitario y al ver tan linda pareja de chicas no dudó del hecho de que estuviéramos casadas y por eso nos dijo señoras...

Volviendo a poner pies en tierra y quitando del medio la racionalización, frente a la opción de que parezco una señora canónicamente hablando cuando me tiendo culo al cielo a leer sobre la arena, quedan dos opciones:
1. la respuesta que da Anita Prada: "Usted me llama señora porque no me vio montar"
2. un poco de medicación para gestionar la angustia.